12/10/16

Una putita menos 2.0

Desde que un compañero de primaria me desprendió el corpiño en medio de una clase de gimnasia y la directora de la escuela me quería convencer que era un halago que el chico no sabía expresar, comprendí que el hecho no era la supuesta atracción del pibe hacia mí, lo que había molestado era mi camiseta de futbol, roja como la sangre, con un gran 9 plasmado en la espalda y el apodo en letras blancas: Pancho Guerrero.

Años después lo vi claro como el agua, que lo que molestó no era mi corpiño, molestó que como mujer quiera jugar al futbol y que reclamara como una igual un puesto en el equipo. El chico sólo hizo lo que le habían enseñado desde chiquito – los nenes con los nenes, las nenas con las nenas. Corría el año 94, Menem hacía campaña por su segunda presidencia y nosotros teníamos 9 años.
En el 2003 Kirchner nos venía a proponer un sueño, y yo estaba haciendo el CBC en Ciudad Universitaria, ahí pude vislumbrar el fenómeno de otra manera, que ese adoctrinamiento que habían tenido años atrás conmigo se trasladaba a todas las esferas de mi vida: un novio, al negarme a ir de vacaciones con él, me encerró en una habitación, un grupo de pibes en un bar me quería cobrar peaje para ir al baño, que en los recitales estar adelante me era hostil y los profesores, hombres en su mayoría, después que hacía una intervención en clase – es válido aclarar que fue en la Facultad de Ciencias Sociales, lugar que brama por la igualdad de género- me preguntaban si había ido a un colegio universitario, cuando ponía cara de bronca y contestaba de manera irreverente (sólo para ocultar mi impotencia)
- “No, fui a un colegio parroquial en el interior del país”
Volvían los ojos para atrás y con algún comentario misógino lograban regresarme a ese lugar que el macho progre tanto disfruta, el de la minita. El trabajo tampoco fue un lugar seguro, un jefe – sí, uno nac and pop – me hacía llamar por su secretaria a su oficina, cuando llegaba en tono burlón me preguntaba si estaba depilada para poder empezar una orgía. También en tono de “chiste” me preguntaba si quería chuparle la verga. Ante mi profunda cara de orto el disciplinamiento era doble, mis congéneres ridiculizaban mi indignación y así me devolvían a ese lugar que me correspondía, una mujer no puede hablar, no puede ocupar espacio público y menos hacerlo sola.
Con el devenir de disciplinamientos, me costó pero logré pasar de la indignación y la injusticia a la acción. Dejar de considerarlo un problema individual para pasar a entenderlo como una cuestión pública y, por lo tanto, política.
La calle, la noche y los taxistas han sido los exponentes más violentos de estas situaciones. Me han apoyado en un colectivo, me han tocado el culo en subte y se han masturbado adelante mío en un tren, sin embargo y mal que me pese, los taxis siempre fueron peor. Volvía de vacaciones y un señor arriba de su auto negro y amarillo nos persiguió, a mí y a una amiga, durante cuadras gritándonos “Sidosas, son la escoria de esta ciudad. Ustedes traen la mugre. Bien que les gusta coger...”.
Estar arriba de un taxi tampoco fue la excepción, era un día horroroso de calor porteño, me subí a un taxi y una vez arriba el señor taxista, comenzó a tirarme los perros. La situación fue horrible, pero conocida para la mayoría de las mujeres.
- “pero qué hace una señorita cómo usted por acá? No le gustaría salir un día conmigo?”
El desenlace fue lo peor, mi silencio desembocó en la siguiente pregunta
- “No le gustaría ir a un telo conmigo, con este calor imagínese usted y yo entre unas sábanas y aire acondicionado. Conozco uno que queda acá a mitad de cuadra...”
En ese momento exacto pegó el volantazo y se dirigía al Albergue Transitorio. No terminó de doblar que me aferré a la mochila, abrí la puerta y me tiré del taxi en movimiento. El portazo que pegué a la puerta fue terrible y el raspón de mi rodilla también. El asco me quedó impregnado hasta hoy día.
Ir en bicicleta fue la peor. Yo pedaleando contenta y el chofher cuentapropista comenzó a tocarme bocina hasta que logró que me salga de la bicisenda y que vaya bien cerquita del cordón. En lugar de “pasarme” y seguir su camino, comenzó a andar más lento, al mismo tiempo, me hablaba groserías. En un momento me subí a la vereda para que se vaya. Atónito me gritó “si te chocaba era una putita menos”...

30/9/16

El puto padre

Desde que te crucé en la calle no puedo parar de escuchar Fito Paez, no sé por qué, nunca te gustó. Recuerdo tus comentarios despectivos ante Fito, ante sus novias, ante sus letras. En algún punto Fito y Arjona para vos eran más o menos lo mismo: algo barato para minitas que la flashean de profundas ¿Pensarías eso de mí cuando me conociste?

Si bien mi gusto por Fito fluctúa, me es imposible no pensar en algunas canciones y no pensarte a vos. Quizás esa es la constante que me sigue ligando a tu pelo, que desde que nos dejamos de ver puedo escuchar Fito sin culpa, y pensar en todas las frases punchis que se asemejan tanto a nuestra historia. Al menos a mi historia de vos, a la que me quedó en el cuerpo, en la piel, en el cuellito.

No entiendo cómo pasó, ni porqué. Buenos aires es una metrópolis y aun así me siguen llegando comentarios de que te vieron, que hablaron con vos, que quizás te saludaron de lejos. Sin embargo, no importa quién, ni dónde, ni cómo, todxs me dicen lo mismo: cada vez que lo veo me acuerdo de vos. Como si aún fueras mi maldito espejo, esa otra mitad que anda por ahí para que otros al verte me miren a mí. No lo quiero pensar de esta forma, asumirlo me obligaría a vivir una vida incompleta, rota, desarmada.

Los años pasaron y yo sigo posponiendo el encuentro. Recuerdo más las veces que lo evité a conciencia y no me hice cargo de todo el amor que nos tuvimos. La Plaza de Mayo fue testigo de la suspensión del cruce de miradas. Caminaba con un candidato a chongo y te vi, cruzabas desde diagonal norte a la plaza. Ese maldito sweater negro con rayas grises, tan europeo, y que, como siempre, el maldito pelo te flameaba en lo alto. ¡Ese maldito pelo! ¡¡¡Tan dorado, tan alborotado, tan alto!!! Me acuerdo que poniendo ojos de animal bueno me oculté tras una columna y miré a mi candidato, hasta le hice ojitos para las lágrimas que me brotaron pareciera luminosidad. Me mordí la boca para aguantar el nudo de la garganta, para no gritar ¡el puto padre!

Esperé que el momento pasara rápido, que no me hayas visto, que ese corte de pelo medio punk que tenía produzca lo tan deseado por mí, que no me reconozcas en la multitud. Sabía que el primer rasgo que te permitiría reconocerme iba a ser mi pelo, enredado, largo, seco. Si me rapaba la nuca y renunciaba a mi cabellera no me podrías encontrar, no te podrías encontrar.

27/5/15

Instrucciones para tomar mate



Tomar mate es una práctica que se puede realizar sin tener en cuenta el momento del día. Un mate puede ser bueno a la mañana o a la tarde, en compañía ó solitariamente. Independientemente de las condiciones nunca esta de mas saber preparar mate.
En primer lugar coloque agua en la pava y llévela a una hornalla previamente encendida a temperatura moderada.Esto le permitirá controlar que el agua llegue a la temperatura ideal. Se aconseja, de ser posible, que el agua este filtrada o sea agua mineral o de mesa, ya que, el agua del grifo puede tener grandes cantidades de cloro que pueden afectar el sabor de la espirituosa bebida.

Mientras tanto, coloque en el mate la yerba. La cantidad recomendada es de ¾ de la capacidad total del mate. Si usted sufre de acides se recomienda colar la yerba previamente para eliminar así el polvillo causante de la misma. Queda a gusto de cada persona colocar, conjuntamente con la yerba, algún que otro tipo de “yuyo” para generar un sabor distinto. Generalmente se le agrega “burrito” o “cascaritas de citrus secas”.
A continuación, tome la parte inferior del mate con la palma de la mano. Coloque la otra mano en la boca del mate con la palma hacia el orificio del mismo. Sacuda con fuerza. Con pequeños golpecitos en la parte inferior lleve la yerba hacia un lado del mate.

La temperatura “ideal” del mate oscila entre los 70 grados y los 80 grados. Si la temperatura esta por debajo el mate resulta muy amargo, por el contrario, si el agua llega a hervir el mate pierde sabor rápidamente, es decir que se “lava”.

Cuando la temperatura del agua sea casi ideal, proceda a humedecer la yerba sobre el lado del mate que contiene menor cantidad. Se vuelve a colocar la pava en el fuego para que alcance la temperatura deseada mientras que la yerba se “hincha”.

Una vez que el agua comience a esbozar burbujitas, se aconseja colocar el agua en un termo para que no pierda la temperatura, aunque también es posible tomar mate directamente desde la pava.

Se coloca la bombilla en la yerba humedecida con un suave movimiento hacia dentro. Posteriormente se ceba el mate.

La manera correcta de cebar mate es dejar correr el agua sobre la bombilla hasta que esta se vislumbre en la superficie de la yerba cercana. De mantener este criterio el mate no se lavará rápidamente logrando así una mayor duración del sabor de la yerba.

El tiempo entre cebada y cebada se recomienda que no sea mayor a 3 minutos. Es así que la yerba no se enfriara y el mate seguirá siendo sabroso durante más tiempo.

Un buen acompañamiento para un mate son los bizcochitos de grasa. Aunque también son habitualmente acompañados por facturas, galletitas dulces o saladas, tostadas, pan con manteca, etc. Hay personas que prefieren acompañarlo con banana: una de mate y otra de banana. Sobre gustos, no hay nada escrito.

El mate puede sufrir variaciones que dependen de cada matero. Desde la yerba, agregar azúcar u otros endulzantes, jugos fríos en lugar de agua, etc.

Un buen mate, a mi gusto, es un mate amargo con el agua a 80 grados.

Ahora sí ¡A tomar mate!!!




23/1/15

Revolución y Homosexualidad - Chau Lemebel!!!

No soy Pasolini pidiendo explicaciones

Manifiesto (Hablo por mi diferencia)


No soy Ginsberg expulsado de Cuba

No soy un marica disfrazado de poeta

No necesito disfraz

Aquí está mi cara

Hablo por mi diferencia

Defiendo lo que soy

Y no soy tan raro

Me apesta la injusticia

Y sospecho de esta cueca democrática

Pero no me hable del proletariado

Porque ser pobre y maricón es peor

Hay que ser ácido para soportarlo

Es darle un rodeo a los machitos de la esquina

Es un padre que te odia

Porque al hijo se le dobla la patita

Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro

Envejecidas de limpieza

Acunándote de enfermo

Por malas costumbres

Por mala suerte

Como la dictadura

Peor que la dictadura

Porque la dictadura pasa

Y viene la democracia

Y detrasito el socialismo

¿Y entonces?

¿Qué harán con nosotros compañero?

¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos con destino a un sidario cubano?

Nos meterán en algún tren de ninguna parte

Como en el barco del general Ibáñez

Donde aprendimos a nadar

Pero ninguno llegó a la costa

Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas

Por eso las casas de caramba

Le brindaron una lágrima negra

A los colizas comidos por las jaibas

Ese año que la Comisión de Derechos Humanos

no recuerda

Por eso compañero le pregunto

¿Existe aún el tren siberiano

de la propaganda reaccionaria?

Ese tren que pasa por sus pupilas

Cuando mi voz se pone demasiado dulce

¿Y usted?

¿Qué hará con ese recuerdo de niños

Pajeándonos y otras cosas

En las vacaciones de Cartagena?

¿El futuro será en blanco y negro?

¿El tiempo en noche y día laboral

sin ambigüedades?

¿No habrá un maricón en alguna esquina

desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?

¿Van a dejarnos bordar de pájaros

las banderas de la patria libre?

El fusil se lo dejo a usted

Que tiene la sangre fría

Y no es miedo

El miedo se me fue pasando

De atajar cuchillos

En los sótanos sexuales donde anduve

Y no se sienta agredido

Si le hablo de estas cosas

Y le miro el bulto

No soy hipócrita

¿Acaso las tetas de una mujer

no lo hacen bajar la vista?

¿No cree usted

que solos en la sierra

algo se nos iba a ocurrir?

Aunque después me odie

Por corromper su moral revolucionaria

¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?

Y no hablo de meterlo y sacarlo

Y sacarlo y meterlo solamente

Hablo de ternura compañero

Usted no sabe

Cómo cuesta encontrar el amor

En estas condiciones

Usted no sabe

Qué es cargar con esta lepra

La gente guarda las distancias

La gente comprende y dice:

Es marica pero escribe bien

Es marica pero es buen amigo

Súper-buena-onda

Yo no soy buena onda

Yo acepto al mundo

Sin pedirle esa buena onda

Pero igual se ríen

Tengo cicatrices de risas en la espalda

Usted cree que pienso con el poto

Y que al primer parrillazo de la CNI

Lo iba a soltar todo

No sabe que la hombría

Nunca la aprendí en los cuarteles

Mi hombría me la enseñó la noche

Detrás de un poste

Esa hombría de la que usted se jacta

Se la metieron en el regimiento

Un milico asesino

De esos que aún están en el poder

Mi hombría no la recibí del partido

Porque me rechazaron con risitas

Muchas veces

Mi hombría la aprendí participando

En la dura de esos años

Y se rieron de mi voz amariconada

Gritando: Y va a caer, y va a caer

Y aunque usted grita como hombre

No ha conseguido que se vaya

Mi hombría fue la mordaza

No fue ir al estadio

Y agarrarme a combos por el Colo Colo

El fútbol es otra homosexualidad tapada

Como el box, la política y el vino

Mi hombría fue morderme las burlas

Comer rabia para no matar a todo el mundo

Mi hombría es aceptarme diferente

Ser cobarde es mucho más duro

Yo no pongo la otra mejilla

Pongo el culo compañero

Y ésa es mi venganza

Mi hombría espera paciente

Que los machos se hagan viejos

Porque a esta altura del partido

La izquierda tranza su culo lacio

En el parlamento

Mi hombría fue difícil

Por eso a este tren no me subo

Sin saber dónde va

Yo no voy a cambiar por el marxismo

Que me rechazó tantas veces

No necesito cambiar

Soy más subversivo que usted

No voy a cambiar solamente

Porque los pobres y los ricos

A otro perro con ese hueso

Tampoco porque el capitalismo es injusto

En Nueva York los maricas se besan en la calle

Pero esa parte se la dejo a usted

Que tanto le interesa

Que la revolución no se pudra del todo

A usted le doy este mensaje

Y no es por mí

Yo estoy viejo

Y su utopía es para las generaciones futuras

Hay tantos niños que van a nacer

Con una alíta rota

Y yo quiero que vuelen compañero

Que su revolución

Les dé un pedazo de cielo rojo

Para que puedan volar.

3/6/14

IRREVERENTE

Resulta inevitable mirar Deshora y no pensarla como la secuela de La Cienaga. Claramente hablamos de una segunda parte, después de 12 años, con cambio de modelo. Ya no aparece el 2001 como sonido ambiente, al contrario,reactivación inacabada. En cada detalle de la decadencia de la clase acomodada salteña pareciera mostrar, lo más íntimo, lo más profundo, lo más real de nuestro país. A diferencia de la obra de Martel, Deshoras muestra al hombre produciendo. Ojo, a no obnubilarnos, la producción se muestra sin modernización alguna. ¿Similitudes? Las relaciones del Conchabo siguen operando. Sin marco legal de referencia, pareciera que sólo por la costumbre las relaciones semiserviles están ahí, como un siempre así, sin posibilidades, de cambio, de alternancia. Locación: El campo. Una casona vieja y húmeda donde los muebles aristocráticos muestran que no importa cuánto mida el desarrollo, en la soledad latinoamericana no alcanza para la modernidad. Sillones viejos, habitaciones oscuras, la podredumbre a la vista. El agua, esa fuente de vida y belleza, fuente de cambio y prosperidad aparece artificial y estancada. Como si ocultara algo, un quiebre, una fisura que no se quiere dejar ver. Parentesco. Lo otro, que es nuestra sangre, aparece para esconderse. Un primo lejano que deambula desinteresado por el flaco poder que se intenta ostentar. A diferencia de los primos de Jauretche en el medio pelo (que aparecen con la pobre Taly (Mercedes Morán) que intenta todo para pertenecer, éste es un primo latinoamericano. La aristocracia, venida a menos, se siente amenazada por este macho que se pavonea y provoca. Más joven, más viril, más abierto a lo desconocido.No teme, goza, vive. Este Otro es IRREVERENTE. La Matrona no goza. Busca reproducirse y no lo logra. Está inacabada, no se puede realizar. La sensación incomoda que produce el Otro con sólo su andar. Resulta fascinación y, al mismo tiempo, rechazo. Inmediatamente, en el seno de una sociedad oligarca, cristiana y occidental, post 2001, argentina está latinoamericanizada y se asusta. Cualquier indicio de cambio, representado en los deseos sexuales de los protagonistas, debe ser cazado y eliminado. Producir: sí, Mutar: No, Reproducirse: imposible. Hay un lugar para la esperanza. Sin final posible, filmable, enunciable, no deja todo dicho, lo diverso tiene que correr y esconderse. Cae en la emboscada, sin embargo, no todo se puede suprimir.

18/4/14

Chau Gabo!!!

La soledad de América Latina Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen. Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontabels. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros, y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana encargada de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro. La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fué tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general Gabriel García Morena gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en Paris en un depósito de esculturas usadas. Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chilenoPablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéros sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. Ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto, 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi 120 mil, que es como si hoy no se supiera donde están todos los habitantes de la cuidad de Upsala. Numerosas mujeres encintas fueron arrestadas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aun se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 muertes violentas en cuatro años. De Chile, pais de tradiciones hospitalarias, ha huído un millón de personas: el 12 % por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el pais más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América Latina, tendría una población más numerosa que Noruega. Me atrevo a pensar, que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad. Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fué para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construirse su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de la incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aun en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa como soldados de fortuna. Aun en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes. No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos hará sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo. América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental. No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad. Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre estos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los paises más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios. Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

15/1/14

¡Chau Juan!

Un pájaro vivía en mí. Una flor viajaba en mi sangre. Mi corazón era un violín. Quise o no quise. Pero a veces me quisieron. También a mí me alegraban: la primavera, las manos juntas, lo feliz. ¡Digo que el hombre debe serlo! (Aquí yace un pájaro. Una flor. Un violín.) (“Epitafio”, primer poema de su primer libro, Violín y otras cuestiones.)