16/11/12

Una putita menos...

Hay una escena de la que soy protagonista a menudo, cuando es de noche y voy caminando por la calle o estoy esperando el colectivo, siempre, pero siempre, algún taxista comienza a manejar despacito y a decirme cosas “muy agradables” como: “Subí mamí que si nos entendemos bien no te cobro” y otras cosas irreproducibles.

A lo largo de mi vida he tenido varios encuentros desagradables con los taxistas, no sólo arriba de un taxi sino también abajo. El primer encuentro desagradable con un taxista fue hace muchos años. Volvía de un viaje con amigas. Nos habíamos ido de vacaciones a Las Grutas (Río Negro) y éste señor nos dejó bien en claro qué era lo que pensaba de nuestro caminar por la ciudad. Luego de varias semanas viviendo en una carpa, sin bolsas de dormir y un shampoo para tres, volvimos a Buenos Aires. Llegamos a Capital con la mochila mugrienta, en ojotas, muy bronceadas y sin rastros de crema de enjuague en nuestras largas cabelleras. Con una de las trotamundo caminábamos por calle Río de Janeiro cuando un taxista se enojó ante nuestra indecisión para cruzar la calle. Ahí comenzaron los insultos: “Sidosas, son la escoria de esta ciudad. Ustedes traen la mugre. Bien que les gusta coger...

Entre otras cosas irreproducibles, este vecino de la Ciudad de Buenos Aires no paraba de gritarnos. Mi amiga no se quedó atrás y le contestó sin pelos en la lengua. Yo me quedé callada, mi caminar playero no íba a ser perturbado por un tipo que la pasa mal 20 horas al día arriba de un auto. Me callé. Mi silencio duró poco. Este señor, no sólo nos gritó eso, sino que dio la vuelta manzana y comenzó a andar muy despacito a nuestro lado. Nos comenzó a gritar cosas más zarpadas. Lo miré con desdén y le dije a mi amiga “Dejalo Romi, nosotras venimos de una súper playa, este tipo pasó 15 días apretado en Mar del Plata”

Mi comentario le desagradó en demasía, por suerte, estábamos a 2 cuadras de mi casa y la situación no pasó a mayores, sin embargo, el desagrado no se me fue aunque lo reprimí bajo la pena que me daba la persona, en mi manera de ver el mundo era un fracasado, le habían prometido algo que no le dieron, su frustración lo llevaba descargar su enojo en cualquiera que se le apareciera como “lo otro” y si yo era “ lo otro” de este espécimen ¡bien por mí!

El segundo encuentro desagradable con un taxista fue un día de mucho calor. Se casaba mi prima en Entre Ríos y yo tenía que salir de trabajar (microcentro), ir a la casa de mi pareja de ese momento a buscar un saco (Palermo), pasar por mi casa a buscar mi mochila (Almagro) y llegar con todo a Retiro. Hacía mucho calor, mucho, mucho, mucho calor. Para agilizar el tema decidí tomarme un taxi entre el tramo del recorrido Palermo-Almagro. Ni bien subí, el señor taxita, comenzó a tirarme los perros. La situación fue horrible, pero conocida para la mayoría de las mujeres que se han subido a un taxi alguna vez en su vida. “pero qué hace una señorita cómo usted por acá”, “qué bonitos ojos tiene”, “a usted le gustaría salir un día conmigo” Ante toda la zarta de boluduces que decía este señor, y debido a mi apuro, contestaba de la manera más gentil posible que no tenía el más mínimo interés de salir con él y que se abstenga de decirme cosas, hasta que la remató de una “No le gustaría ir a un telo conmigo, con este calor imagínese usted y yo entre unas sábanas y aire acondicionado. Conozco uno que queda acá a mitad de cuadra...” En ese momento exacto pegó el volantazo y se dirigía al Albergue Transitorio. No terminó de doblar que me aferré al saco y me bajé con el taxi en movimiento. El portazo que pegué a la puerta fue terrible y el raspón de mi rodilla también. El asco me quedó impregnado hasta hoy día.

Un tercer encuentro desagradable con un taxista lo tuve hace unos días, iba en la bicicleta pedaleando contenta. El conductor cuentapropistas comenzó a tocarme bocina hasta que logró que vaya bien cerquita del cordón. En lugar de “pasarme” y seguir su camino, comenzó a andar más lento, al mismo tiempo, me hablaba groserías. En un momento me subí a la vereda para que se vaya. Atónito me gritó “si te chocaba era una putita menos”...

4/10/12

Mi pequeña fideo


Anna tiene cinco años y un lunar cerca de la naricita.

Tiene tanta musica como su nombre, ella nació con un candombe.

Su cabellera parece lluvia de miel trenzada y a sus carcajadas las esperé más de 20 años.

Es crítica y mucho más inteligente que yo, que tengo 27 y soy su tía.




A Anna le gustan el “rosita” y los tambores del tío Rami.

Un día soñó que la tía Maca bailaba candombe con tambores y Minie.

Desde chiquita canta “Los únicos, los mejores, los métodos piqueteros

También entona con el puño en alto  “Yo no soy sumisa
 
Me dio vergüenza que a sus 3 años  cante “Ni puta, ni sumisa”
 
Pero esas son inhibiciones mías, no de Anna.



Es mi pequeña activista con alitas de hada.
Todos los 24 de marzo de su vida los pasó en la Plaza de Mayo

Un día la encontré sola mirando la tele y pidiendo “Paka, Paka para todos

Suele pararse arriba de los escalones del patio y decir convencida “Los niños tenemos derechos”

Aprendió a reciclar, deja papeles, cartones y plásticos con su mamá y Lelé (la hermana pequeña) a la cooperativa de cartoneros de la esquina de su casa.

Tiene todo el merchandancing bolivian que le trajeron sus tíos de largos recorridos en mochilas y avión.
A Anna le gusta la Bambula




Anna es mi fideo.

Para navidad le pidió a su mamá, mi hermana, una Barbie.

Mi hermana le contestó que no, que a ella no le gusta Barbie

Anna, tosuda, le preguntó porqué

Mi hermana contestó “porque es una mujer que no existe”

No conforme, se acercó a mi y me preguntó si me gustaba Barbie.

Yo la miré con cara de -ya sabía que iba a llegar el momento donde mi pequeña fideo fuera colonizada por la industria patriarcal del juguete y me pidiera algo que yo no quisiera regalarle-

Anna lo intuyó y bajó la mirada con pestañas y todo, aún así esperó la respuesta.

Enuncié mi determinante postura con respecto a las Barbies, al modelo de mujer que promueven, al sistema patriarcal... Fue un rotundo NO...




Anna levantó la mirada y muy calma me preguntó




“Tía Maca, cuando tenías 5, a vos, te gustaban las Barbies?”

... ... ...
 
Mi sobrina es la pesadilla del Uva Sal


Yo lo dije, Anna con 5 años y su lunarcito es más inteligente que yo.

18/9/12

Del mate y otras adicciones...


No debí confiar en él el día que me dijo que no le gustaba el mate

“No me gusta el mate”- me dijo- “son un montón de palos flotando en agua sucia que me hacen cagar troncos”

Yo lo miré con cara de “nene, vos no entendes nada” y me hice la que nada me pasó por adentro. Mentira, sentí desilusión. La reprimí bien rápido. No entré en conciencia de que estaba al horno, ya había caído rendida ante su cabello que flameaba en lo alto.

A los días lo volví a mirar. El verde de los árboles que entraba por la ventana contrastaba precioso con el blanco de su sweater tejido a mano. Se me hizo un nudo en la garganta y preparé el mate para mi sola. Me arrebataron las ganas de que él quiera pedirme uno. Ni me miró. En ese momento quise pensar que mi necesidad de tomar mate era consecuencia de haber nacido en Entre Ríos y que él, al no apegarse a ninguna tierra, ni siquiera con la nostalgia, no tenía nada que extrañar de su bola de sal natal. Pero yo sí: tenía mi mate, mi termo, una matera amarilla patito y mucha actitud.

Ante su indiferencia, opté por otras cosas, leer un libro y tomar mate sola. Me sentí importante porque a mí me gustaba el mate y a él no. Sentí que era especial, quise convencerme que era especial. Yo tenía la panza verde y él no. Tenía certeza que si nos seguíamos hablando sin mate de por medio iba a ser algo bien fuerte, porque las excusas iban a tener que ser más creativas para encontrarnos por la tarde.

Pasado el tiempo, la creatividad iba en picada. Eventualmente me hablaba, pero no había conversación de mate, no había excusa  y yo tenía un gran problema si él no tomaba mate. Si me tomaba el termo sola, me hacía pis encima, si no tomaba mate, me caía dormida al toque en la mesa. Tenía que encontrar una solución. El chico me gustaba, al chico no le gustaba el mate, el mate me gustaba a mí... la pregunta era - ¿qué mierda le gusta a este pibe? La respuesta era obvia, le gustaba el café. 

5/6/12

Quiero ser una publicista contrahegemonica

Como aprendiz de Violencia Rivas me molestan muchas cosas. Pero hay una que particularmente me genera una violencia en el estómago que se traduce en un nudo en la panza. La publicidad.

Tengo que aclarar que no es toda la publicidad la que me molesta, hay publicidades que me parecen maravillosas. Publicidades con las que me he reído, he llorado y me han dejado chistes para toda la vida, sin embargo, hay publicidades que me irritan.

Dentro del gran mundillo creativo dedicado a generar empatía en posibles consumidores para que sean portadores de la sensibilidad del objeto/servicio que se ofrece, que terminan cerrando con algún que otro slogan copado con musiquita de fondo, las publicidades que describen los “comportamientos” según género son las que me generan malestar.

“El manual de las diferencias entre los hombres y las mujeres Clear”, “El igualísmo de Quilmes” y “Gana con tu frescura, la subasta de Topline” me generaban una indignación crónica que no puedo manejar. A simple vista, parecen publicidades diferentes, pero hay algo más allá del mensaje, que me molestaba del mensaje. Y es la forma en la que se transmite.

Hay una forma que aglutina a este tipo de publicidades que me molesta, la forma se remite a los continuos estereotipos de género que muchas veces se crean, otras se refuerzan, pero que siempre están ahí para que me atragante con el mate. Y en estos últimos tiempos toman matices perversos y retorcidos.

Siempre con tintes “naturalistas” se presenta a la mujer y al hombre como seres opuestos, irreconciliable, incomunicables. También, las diferencias no son dentro de un “igualismo” valga la renuncia, porque los estereotipos que se presentan son los que en mi querida casa de estudios se llaman “los roles del patriarcado”, así es que no sólo lxs sujetxs aparecen como incomunicables, irreconciliables, sino que aparecen en relaciones asimétricas.

En las publicidades de Clear y en el Igualismo de Quilmes, las diferencias son bien claras. Por un lado, la mujer se quiere casar, revisarle los mensajes en el celular al novio, lavarle los calzoncillos a mano y ser comparada con la madre de él. En segundo lugar, el hombre aparece como un ser simple, rustico, un macho animal que se deja guiar por los instintos y huye del compromiso. En ambas publicidades ser mujer y ser hombre son categorías excluyentes, en una son “diferencias de cabeza”, en la otra las diferencias se traducen en una “guerra”. Los opuestos así no se atraen, sino que “siguiendo la ley del más fuerte” lo que primará ser la dominación de uno sobre el otro, en este caso la otra.

La sociedad normalizadota regula y es regulada, también, por medio de la publicidad. Donde se deja bien claro qué es lo que es un hombre, qué es una mujer, y cómo se relacionan entre sí. La publicidad funciona como norma, y por ende, determina “lo normal”.  Quién no se ajuste a “lo normal” suele sentirse un extraterrestre al momento de no ajustarse a lo que la publicidad dicta, es lo otro, o la otra... Y lo más angustiante de todo, al no querer formar parte de la mesa familiar, de las charlas de tus compañeros de trabajo, de la vida citadina en general. Hay días que no te querés ni tomar el subte.

La última publicidad, la subasta de Topline, es a mi criterio la más perversa de todas. A partir de la una simulada simetría entre hombres y mujeres propone la subasta de besos. En primer lugar, el beso de una chica. Los chicos ofrecen diferentes cosas – que parece costarle mucho- como bañarse, regalar osos de peluches y decir te amo en la segunda cita, como si esto fuera lo que una mujer quiere, hasta que un mamotrete se come un chicle, se llena de frescura y hechizado por la espontaneidad ofrece el precio mayor “borro a todas mis amigas del Factbook”. Tenemos un ganador, un macho alfa que renuncia a ser el rey de la selva para ganar el beso de la doncella. Hasta acá, nada que diferencie con las publicidades anteriores. La mujer se quiere casar y, en este caso, los hombres están dispuestos a ceder cuestiones “vinculadas a su naturaleza” para ganarse un beso. Uno le promete que va a ser la única, la princesa y colorín, colorado, slogan y la publicidad se ha acabado.

No me parece menor traer a colación, antes de describir la otra parte de la publicidad, lo que leí una vez de un autor francés. Lo que contaba este filósofo era que muchas veces se cree encontrar la liberación en el sexo, cuando en realidad la creencia oculta la atadura mayor al dispositivo que la creencia genera. Así sucede en la publicidad cuando el beso que se subasta es el del chico. Las mujeres que hoy van al frente, al igual que los hombres porque existe un “igualismo”, ofrecen para ganar el beso. Lo que viene a continuación es indignante. Dentro de las ofertas aparecen de manera indirecta mención a todas las fantasías donde la mujer es un objeto destinado a llamar la atención al hombre y así, mediante diferentes acciones, darle placer: “me van los videitos”, “enseñame, por favor, enséñame que no sé”, “dejo que le cuentes todo, todo a tus amigos” “todavía guardo el uniforme del colegio” aparecen dentro de las ofertas. La mujer osada aparece reproduciendo todos los estereotipos sexistas, hasta que llega la ganadora “yo tengo una hermana gemela”. La mujer, al servicio del placer del hombre, diciéndole sí al sexo (al sexo de él) aparece en la publicidad.

De esta manera se conforma el igualismo: La mujer es subastada, pero el hombre también. Este igualismo, vuelve no sólo a reproducir la matriz de la diferencia, sino la diferencia como una guerra. El hombre ofrece lo que no quiere dar, y la mujer está dispuesta a todo para conseguir su objetivo. Pero hay algo que lo retuerce más. En esta guerra, los hombres están todos juntos, hay solidaridad entre ellos, pero las mujeres no. En la publicidad de Topline, las mujeres se maltratan entre ellas, se llaman “zorras”, no generan solidaridad y se acusan entre ellas.

Así parece que lo único que puede desear una mujer es ser deseada por un hombre y hacer todo lo posible para que eso suceda. Esta relación se le parece como una guerra y, además, en esta guerra se encuentra sola, sin compañeras, sino rodeada de “zorras”.

27/5/12

Nuevo Libro!!!

Las tramas del sentir. Ensayos desde una sociología de los cuerpos y las emociones.

De Ana Lucía Cervio (Compiladora)


http://estudiosociologicos.com.ar/portal/blog/tramas-del-sentir/

Los artículos compilados en esta publicación forman parte de una trabajo de reflexión que los integrantes del Grupo de Estudios sobre Sociología de las Emociones y los Cuerpos del Instituto de investigaciones Gino Germani de la Universidad Nacional de Buenos Aires vienen construyendo desde fines del año 2008 bajo la dirección del Dr. Adrián Scribano.
Inmersos en proyectos de investigación individuales y colectivos, con diversas trayectorias institucionales y de formación, e incluso transitando por distintos momentos de producción que supone el pasaje por la vida académica, la apuesta de los autores – vuelta certeza teórico-política de las reflexiones que se presentan a continuación- es contribuir con un modo de hacer ciencia que reponga, problematice y “mire al sesgo” las condiciones materiales e históricas de producción de las sensibilidades sociales, en apariencia sindicadas como lo más íntimo y más privado de todo sujeto
Autores: Ana Lucía Cervio, Eduardo Galak, Paola Andrea Londoño Mora, Adrián Scribano, Matías Artese, Victoria D’hers, Rafael Andrés Sánchez Aguirre, María Macarena Sáenz Valenzuela, Andrea Dettano, María del Pilar Lava
Páginas: 242 | ISBN 978-987-26922-5-4
Formatos de descarga: | PDF | E-books readers (próximamente): | MOBI | EPUB |

29/4/12

No sé porqué me pasa que con las personas que empezaste la carrera, estudiaste los primeros parciales, por más que se encuentren en otra disciplina sigas pensando igual...

"...Considero que comer es un acto de placer y no una simple necesidad. Huyo de los amontonamientos de gente y de las personas que consideran que Gran Hermano o Mirtha Legrand son temas de sobremesa. Odio el cigarrillo. Odio la gente que dice “a mi no me interesa la política” o “yo no miro cine nacional”. También a los colectiveros y a los vecinos que me ven entrando al edificio y en vez de esperar cierran la puerta del ascensor en mi cara. No soporto que mi abuela me diga que soy de izquierda porque soy joven ni soporto que la gente se ria demasiado o comente las películas en el cine.
Creía que para entender el mundo había que estudiar sociología. Ahora creo que es al revés..." 

por más información haga clic aquí, aquí

4/3/12

Cris Morena ha arruinado mi vida.

En mi casa no me dejaban ver Cris Morena, ni Perla Negra, ni cualquier otra novela donde el protagonista tenga un nombre compuesto, los diálogos tengan tonada centroamericana y se presente la historia tradicional de la chica pobre que cautiva al chico rico, pero resulta que ella es su hermana que ha sido abandonada en un basurero y encontrada por una Lupita de vecindad quién la crió bajo los preceptos del catolicismo mexicano. Sin embargo, luego de varios chanes y llantos y escenas bien de Culebrón donde la protagonista le grita a la mala “Pirifila” y la mala le grita “Lisiada” y alguna de las dos termina rodando por las escaleras y pierde un hijo imaginario o le da amnesia y hay que seguirle la corriente, resulta que al final el mujeriego protagonista con la novia acorde a su vida y con mucha plata y cabe aclarar, que no es menor, que por más que siempre salga con muchas mujeres ama profundamente a la chica pobre, que es la protagonista y claramente es su hermana; llega el momento cúlmine donde debe reprimirse para no cometer incesto. Así pasan varios meses de novela, con el amor reprimido y las parrandas que ya no lo llenan. Pasa lo inesperado: no es hijo de quién debería ser, sino de un amante medio barato, medio mujeriego y medio pobretón de la madre. Así que bueno, no son hermanos y después de varias culpas y represiones pueden darse un beso llegar al final de la novela donde los muestran casados y, como siempre, con plata y una casa con una escalera y mucho personal doméstico con cama adentro. En mi casa siempre me decían que esas novelas me iban a quemar la cabeza y no me dejaban verlas. Ni mis hermanos, ni mi papá y mucho menos mi mamá. “Eso te va a quemar la cabeza, mejor lee un libro”. Palabras textuales de mi madre cuando yo quería poner alguna de Thalia para saberme la canción y poder reproducirla en el patio del colegio con mis compañeras de curso o en mi grupo de danza, donde lo que se bailaba era Thalia, Chayane y a veces, una que otra canción ochentosa en inglés que permitía trasladarse con un mínimo movimiento a una escena de Flash Dance. Una cree que no, que por haber tenido vedado el televisor de pequeña y no haber visto Verano del 98, en cuestiones del amor, está menos colonizada. ERROR. Las películas Yankees, esas, las bien pochocleras, donde el amor no es un chico rico que forma parte de una de las familias oligárquicas del país tercermundista, con una casa con escalera y una gran cantidad de servicio domestico, por el contrario, el amor se presenta como una versión de algún compañero de universidad que se enamora de la chica inteligente y de perfil bajo. Entre los dos sacan una hipoteca para comprar una casa en los suburbios neoyorquinos. Así se representa el amor. El amor que nos rige en estos días. Hace tiempo que mi burdo sentido común sociologizado presta atención a la cantidad de películas del rubro “comedias románticas” se sitúan en casamientos. La “boda” es, en lo que refiere a las pochocleras, el lugar privilegiado para montar el ideal del sueño americano. Que, queramos o no, nos llegan todos los días por los canales televisivos, por el cine, por las páginas para bajar películas de Internet, hasta por Facebook. El amor mediado por la unión matrimonial, heterosexual y monogámica está ahí, siempre presente, para hacernos recordar cómo nos apegamos, o no, a la regla. Sin embargo, teniendo todo lo expuesto arriba, han surgido un nuevo tipo de “comedias románticas” que se diferencian del ideal del amor/matrimonio post etapa universitaria que culmina con un buen trabajo, una buena hipoteca y una casita con jardín lista para recibir a los retoños. Puedo intuir que esta flexibilización a la norma puede venir acompañada de la necesidad que l@s consumidor@s de este tipo de entretenimiento se sienta más a gusto con la historia, es decir, más identificados. Debido a los cambios en el patrón de acumulación capitalista (Je! Me bajó Carlitos), como así también, las luchas por los derechos de la mujer que se han llevado adelante, la expansión del sistema educativo, el viraje del mercado laboral hacia un sector servicios y, también, la imposibilidad de comprarte tu casa, tu auto y tu hijo a la edad de 25 años, entre otros, ha repercutido en los modos de vidas de las personas y esto se nota en las películas, pero en una opinión propia, de una manera al menos perversa. “No Strings Attached” protagonizada por Natalie Portman y el chico lindo de “That Seventy Show”. En sí, el argumento básico de la película es que ellos son amigos y plantean la posibilidad de tener una relación de amigos que pueden tener sexo a cualquier hora y en cualquier lugar sin la necesidad de establecer una relación amorosa entre ellos. Sin compromisos. En el desarrollo del argumento resulta que se plantea ese tipo de relación por la incapacidad de uno de los dos, en este caso ella, de tener una relación estable, de enamorarse, de desayunar. La película termina, como es de esperarse, con el final feliz. Donde ambos están juntos, sin casa, con malos trabajos pero, al menos, con amor. Por otra parte, también está la película muy parecida (por no decir igual) llamada “Friends with benefits”. El argumento es el mismo. Son amigos, debido a la escasez sexual y desencantos amorosos que tienen deciden ser amigos con beneficios (léase sexo). En la trama de la película se vuelve a leer la incapacidad para establecer relaciones que tiene uno de los protagonistas, la desilusión que sufre el otro y al final, como es esa la única persona que te entiende en el mundo y por lo tanto terminan juntos, sin casa, sin hijos pero con amor, el que siempre viene a salvar todo. La última observación: las películas de Katerine Heil o como la llama mi hermana “La chica de Gray´s Anatomy”. El argumento de sus películas son todos iguales. Ella tiene más de 30, es profesional exitosa, neurótica como pocas y espera un amor ideal que parece no llegar. Por alguna razón de la vida poco probable, termina conociendo a algún hombre caracterizado como “Un tiro al aire”. Primero establece algún tipo de rechazo a este hombre, pero por alguna razón, las circunstancias de la vida la van llevando a que se le presente la manera de formar esa vida que no tiene, y que vio en todas las películas, con este incorregible que ella con todas sus neurosis logró encarrilar. Ella sí, termina con casa, trabajo y bueno, por supuesto, amor. Lo perverso de estos tipo de amores, más allá de lo irreal, es que el amor sigue siendo la regla para establecer en los dos primeros casos, sexo. En el tercer caso, la vida. Pero no el amor como un respeto o una construcción hacia el otro, sino, como una seguridad. El amor garantiza, en las películas pochocleras, la norma. La norma que permite reproducir lo que reproducen las películas de la “boda” pero de una manera más adaptada a lo que hay, pero siempre con amor. El amor en las películas yanquies no es amor, es la reproducción de la norma social: una pareja heterosexual y monogámica. Con la que antes te comprabas una casa, pero ahora compartís un alquiler. Donde los roles de género sigue siendo establecido. Si bien la mujer trabaja, tiene varios compañeros sexuales, sale de copas con las amigas, existe en un lejano plazo la necesidad de tener una pareja. Casi como que todos sus logros profesionales están en pos de conseguir un mejor marido. Al final, siempre nos encuentra el final feliz, que sigue dejando por fuera millones de otros amores, millones de otros finales, millones de otro tipo de relación entre las personas. ¿En qué marcos de respeto se pueden establecer relaciones sexuales que no tengan amor (léase amor de película yankee)? ¿Cómo evitar las frustraciones que producen los ideales de vidas inalcanzables para personas con otra realidad nacional al no poder imitar los modos de conducta del amor estadounidense? Son solo preguntas al aire...

27/2/12

Los días que parecen domingos...

La tristeza comienza a la mañana. Te das cuenta que hay cosas que nunca van a llegar. ¿O es que en realidad nunca van a volver? Si se asume que se vive en espiral las cosas que se esperan de alguna u otra manera ya la teníamos. Extraño los desayunos. El cuellito. El amor. Y por sobre todas las cosas, extraño la sensación cotidiana de seguridad que me proveía el estar. Que hayas estado ahí, siempre. Las mañanas de los domingos, o de los días que se les parecen, siempre fueron maravillosas. El sonido de la persiana que subía y las lentejuelas de luz que entraban de a poquito para despertar a la remolona. Ni la ternura de un gato con cara de ¿por qué me despertaste? Se comparaba con el mate a la mañana. Mate solitario, porque solo uno de los dos necesitaba de ese ritual. Jugo de naranja y pancito negro tostado. La repetición al infinito de la mañana nunca aburría a los participantes. Nunca me aburría a mí. No era el desayuno, era la acción de otro que me decía “Me importa que estés acá y quiero que sea así toda la vida”.... Los domingos terminaron y la persiana no está más ahí para darme lentejuelas de luz, para permitir que entre la orquesta urbana del 160. Las cosas se sienten cuando ya no las tenes. Como el mate a la mañana preparado por otro que te dice “me importa que estés acá y quiero que sea así para toda la vida”... El nuevo amor matutino, líquido y frío, me da acidez.

30/11/11

Confesiones de una socióloga

En los primeros años de la carrera me enamoré tres veces.

La primera: Émile Durkheim. Después de leer el capitulo 6 de "Las reglas del método sociológico" lo supe: Lo nuestro es para toda la vida.
Nuestro amor fue musicalizado por Toto la Momposina y coreografiado por Julieta Ezkenazi.
El coqueteo empezó en un aula de Marcelote y fuimos uno en el baño de María.

Sí, en el baño de María, mi compañera de Sociología General. La noche previa al parcial, nos juntamos a comer y a repasar. Mientras Mercedes estudiaba en el living, yo encontré a la concentración en el baño. Nunca más nos separamos. Después de eso ando por la vida con el hecho social tatuado en la nalga. Con él entendí todo, hubo sentimiento oceánico. Ni siquiera mi infidelidad con Bourdieu pudo quitarle las campanitas a Émile.

Terminado el cuatrimestre entendí que el francés no sólo salía conmigo, también estaba con toda la carrera y, por si eso fuera poco, también estaba con todas las carreras de sociología a nivel mundial. Mi corazoncillo se sintió muy pequeño y sin sal. Recorrí unos años más de la carrera con el alma en pena viendo qué podían ofrecerme otros teóricos. Me hice la linda con algunos marxistas, Gramcci ganó uno que otro privilegio hasta que llegó mi segundo amor: Talcott Parsons.

Yo amé a Parsons. Fue un amor imprevisto pero muy pasional. Estaba mal visto amar a Parsons, sin embargo, yo no tenía ninguna intención de mantener el fulgor que me producía en la clandestinidad. Lo amaba con locura y como una entusiasta lo leía para poder hacer preguntas en los teóricos. No me animaba a preguntar en el medio del salón, ese espacio estaba reservado por la mano en alta y la cara de motivación de Joaquín. Así que utilizaba el intermedio para hacerle las preguntas a Ernesto Funes. El profesor fue un buen celestino, mantuvo mi amor intacto y puro hasta que me presentó a Niklas Lumman.

Ah... no me queda más que suspirar. Mi vida no sería la misma sin la autopoiesis y el acoplamiento estructural. Sus sistemas eran homologables a lo que ya me había contado Pierre con su teoría de los campos, pero con Niklas estuve segura de lo que no estaba con el segundo francés, aunque seguía pensando "Pierre tenía razón, Pierre tenía razón"... Niclas me hablaba de manera tal que yo podía activar mi pasado economista y ya no se sentía desagradable.

Cuando entré a las optativas fue diferente. Lo posmo me contó que la totalidad no existe y que estamos todos fragmentados.
La desilusión me llevó a la promiscuidad con la critica literaria, los lacanianos y las feministas.

2/11/11

Calle 13 y Sarmiento: no es una esquina de La Plata.

Supongamos que Domingo Faustino Sarmiento va en el subte A un día de lluvia hacia estación Plaza de Mayo. Cuando logra sentarse malhumorado, porque a quién más que a Domingo Faustino le gustaría viajar en la línea D de subte ¡Tan moderna! ¡Con tantos turistas estadounidenses sacando fotos en ella! En fin, logra sentarse y aparece un vendedor ambulante de discos con su equipo a todo volumen ofreciendo un copilado de Calle 13.

Arruga su cara y la expresión le llega hasta la lo profundo de su cabeza calva llena de lunares. Intenta evitarlo. Respira, frunce el seño. Las manos comienzan a sudar y escucha una frase que lo empapa de algo que no puede explicar. Perturbado, no le queda otra cosa que pensar “¿Qué es esto?”: “Soy la mezcla de todas las razas/ Batata, Yuca, Plátano, Yautía y Calabaza”.

El ritmo se vuelve pegadizo y su razón, tan separada de su cuerpo, deja de actuar para que sus pies se muevan al ritmo de lo que la música marca. Se asusta. El vendedor lo mira. Él no puede bajar la vista. No le queda otra, ante el desprecio que le produce la música y el terror que le genera este gaucho urbano, decide comprarle un disco.

Ya en su casa, se quita las botas mojadas y ante el hogar cuelga las medias. Se acuerda de los calores de Paraguay pero no los extraña. ¡Tantos mosquitos! Prepara un té negro y prende su notebook. Pone el CD y se extraña. Abre Google y comienza averiguar qué es este grupo. No tiene con quién comentarlo, por lo tanto, decide escribirle un mail a Arturo Jauretche.

De: Domingo Faustino Sarmiento buscomaestraestadounidense@yahoo.com
Para: Arturo Jauretche arturonacandpop@gmail.com
Asunto: Barbarie, Barbarie, Barbarie

Estimado Arturo:

Hoy fui víctima de extorsión pública por parte de un gaucho urbano en cual fui sometido a una compra obligada de un CD de un grupo que se hace llamar Calle 13.

Debo decirle que desde que se fundó nuestra Nación, la nuestra, la Argentina, no ese invento de la Patria Grande o Nuestra América que tan en boga anda últimamente, sufrimos el problema de las razas indígenas y la raza negra, en conjunción con la colonización española. Como expresa este conjunto musical en sus rimas, los modos de vivir de estas razas es lo que nos permite llegar al desarrollo que tanto se anhela. Promueven un tipo de vida bárbara donde se incita a las personas a que sus músicas Se baila sin mantel, sin cubierto, sin bandeja/ Con ganas de comerse a la pareja/ Se baila pegado como bachata, sin traje y sin corbata/ Embriagando las neuronas con vodka barata

Por eso Arturo, llamo a que reflexiones y me des la razón. Para ser una Nación desarrollada, como las europeas, necesitamos seguir su camino, debemos alcanzar el máximo progreso. Si dudas de lo que te estoy hablando, te invito a que observes los resultados que ha tenido Norteamérica. Es una Nación próspera, dominante, altamente desarrollada.

No voy a negar que debido a los componentes de la colonización española gocemos de ser la última Nación entre los pueblos, dejando que nuestra chusma escuche esto tan alejado de la civilización. Que repiten y repiten, incitan a lo bajo, a lo inculto, a lo bárbaro, a subir el volumen a la música satánica.

A diferencia de Inglaterra y el tipo de colonización que llevó en Norteamérica, en nuestra Nación no se logró un exterminio total de la raza salvaje, por el contrario, se los incorporó en el seno de la civilización por lo tanto, desde el inicio trazó el futuro de la tierra y este no pudo ser modificado. De otro modo, cómo explicar que sea de gran éxito prosas como: Un nómada sin rumbo/la energía negativa yo la derrumbo, Que sólo llaman a que la juventud urbana se convierta en gauchos vagos sin moral.

Por otra parte, el hecho de ser colonia española nos ubicó desde un principio en un nivel menor que el de cualquier otra colonia de otro país Europeo, ya que España en aquel continente está depreciada en lo que refiere a su nivel de civilización si se los relaciona con las potencias del viejo continente. Estos obstáculos repercuten hasta hoy en día en nuestra Nación y en las Naciones Sudamericanas. Nos mantienen inmersos en un mar de resabios bárbaros. Aún hoy nos encontramos cobijando a la raza enemiga de la humanidad, incivilizada por naturaleza, y contamos con una fortuna adversa donde todo lo que tocan se vuelve salvaje. Como esta música, que no logro que se termine, pues, la computadora se colgó y no puedo apagarla y sólo repite: Mis rimas te ponen tenso y te dan calambre

Haciendo abstracción del ruido, no encuentro otra palabra para describir este chiqui, chiqui, chiqui, me encuentro en la obligación de decirte que la inteligencia y la dignidad de los hombres es lo que otorga gloria a una Nación. Por el contrario, la raza indígena es una raza incapaz e inadecuada para la civilización, y no me baso en la nada cuando hago dichas afirmaciones, lo hago n su limitación de aspiraciones, en la rebeldía que manifiestan al progreso, a su propio bienestar, al conocimiento. Un ejemplo es el principio de la canción: No me regalen más libros porque no los leo.

Como puede ver, excelentísimo Arturo, son ignorantes natos, son algo contrario a la raza humana y no la mezcla de todas las razas, como ellos se proclaman ya que no se desarrollan bajo ninguno de sus principios. No me queda más que decir que son deficientes biológicamente, y amorales por naturaleza.

Nuevamente reitero, reflexione Señor Arturo. No escriba más porque sólo promueve este tipo de expresiones musicales y el peligro de que lo salvaje se propague a todos los habitantes de nuestra Nación. Sólo produce un choque de culturas donde la raza de los salvajes no puede contemplar la civilización del hombre blanco y el criollo bien educado.

Atentamente,
Domingo Faustino Sarmiento

De: Arturo Jauretche arturonacandpop@gmail.com
Asunto: Lo que no tenés de tilingo lo tenés de guarango
Para: Domingo Faustino Sarmiento buscomaestraestadounidense@yahoo.com


Antes de comenzar, estimado Domingo, te diré que no se necesita plata pa´ moverse/ necesitas onda y música cachonda.

Domingo: ¡no podés ser tan Cipayo! No puedo creer que aún hoy sigas escribiendo tan gris. Te invito a que pintes de Wiphala tu pluma y en esa hermosa conjunción de colores empapes tus manos y levantes entre tus dedos la Victoria.

Leyendo tu mail, debo decirte, existe una diferencia en algo que tomas como sinónimo. La palabra Inteligencia Nacional tiene un sentido distinto a la palabra Intelligentzia. Si cada palabra fuera como se denomina a un grupo, es mi obligación comunicarte que yo estoy en el primero y vos estas en el segundo. ¿Por qué? Te preguntarás.

Simple: Sos un promovedor y reproductor de lo que yo he dado a conocer como la colonización pedagógica de la intelligentzia argentina, de esta manera, nuestro país es sometido a una condición de semi- colonialismo.

Tus comentarios con respecto al vendedor ambulante, al igual que tus opiniones sobre Calle 13, carecen de originalidad. Me remiten a tu continua Matriz de Civilización y Barbarie y al profundo odio que engendra tu proyecto antinacional y antipopular.

Tus opiniones me llevan a decirte que la inteligencia colonizada, convertida en Intelligentzia, no son novedosas y se basan en la simple repetición de repertorios ajenos. También que el colonialismo proviene de la génesis misma de la Intelligentzia y es producto de tomar por absolutos valores que son esencialmente relativos.

Desde siempre identificaste, siendo coherente con tu pertenencia a la Intelligentzia, la cultura con los valores universales consagrados por los centros de poder, excluyendo toda otra cultura. De esta manera, la cultura para vos siempre va a ser la europea. Debo agregar que así facilitaste, en conjunto con tu grupo, el proceso de estructuración del país como dependiente. Sólo sobrevivió a tu proceso de colonización pedagógica lo que se transmitió oralmente o por alguna vía de erosión lenta. Pareciera que los lugares donde no existía interés por parte de la civilización fueron inmunes para la peste civilizadora. Aún así, debo reconocerte, la Intelligentzia se difundió masivamente.

En esta línea, la potencia imperial, de la que sos su simple lacayo, realiza su mandato a través de la europeización y alienación de nuestra historia, nuestra literatura, nuestra filosofía, en fin, de la total producción de nuestro pensamiento. Por lo tanto, nuestros pensadores reproducen dichos valores como propios y así, se cae en afirmaciones como las reproducidas por los europeos.

En esta matriz es que vos, al escuchar Calle 13 te repugne y pienses que son bárbaros, incivilizados, inferiores. Pensas igual de mis queridos paisanos que los escuchan. Para vos son sólo un indicador de lo que había que extirpar del suelo argentino y del resto de Nuestra América. ¿Qué es lo que tanto te molesta? Que un grupo de hermanos con música movediza ponga en cuestión los pensamientos que han introducido en nuestras cabezas, que hemos naturalizado, aceptado y no cuestionado en su calidad de verdades absolutas. En ese escozor que te produce puedo decirte que tú sudas perfume y yo sudo trabajo.

En tu querida educación primaria no se han formado hombres para la Patria sino ciudadanos para las instituciones. Hoy se respira viento sur, querido Domingo, y es hoy donde estamos liberando y estamos teniendo una revelación con nosotros acerca de nosotros. Nos pensamos a nosotros mismos viendo cuáles son nuestros propios valores, cómo sucedió nuestra historia y la contamos desde nosotros. Se forma un Pensamiento Nacional independiente que nos despoja de todas las telarañas impuestas desde Europa. Y que a vos te produce asco.

¿Querés que te diga por qué? Porque tu idea nunca fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quien abona el terreno donde crece el árbol. Por el contrario, intentaste crear Europa en América trasplantando el árbol y destruyendo al indígena, que podía ser obstáculo para el crecimiento, pero según Europa y no según América.

No escribo este mail con indignación, al contrario, lo escribo con profundo optimismo y tecleo para que leas que cuando la Nación toma conciencia de que es, ya es. Sólo es cuestión de tiempo y de medios, este momento es para hacer y construir la conciencia.

Tu postura siempre fue hacernos zonzos para que no nos vengamos grandes. Y bien sabés que cuando el zonzo analiza la zoncera deja de serlo. Es sólo cuestión de análisis de las contradicciones, de las dualidades que nos has inculcado. Civilización y Barbarie. No somos ni bobos ni zonzos, no tengo miedo a tus advertencias y ya no me las creo.

Querido Domingo, a mí me cantan en rituales populares, llenos de juventud y por elección. Mientras que a vos es por obligación en las Escuelas y aún así se encuentran formas de resistir cambiando la letra.

Me despido diciéndote que me voy a la Plaza de Mayo junto a los Paisanos para ver entre otros este grupo que tanto te molesta. Y te lo digo porque nada grande se hace sin alegría, personas como vos nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos.

Arturo Jauretche.

2/9/11

¿En qué momento me separé del materialismo histórico?

¿En qué momento me separé del materialismo histórico?

A diferencia de lo que uno piensa, el estudiante de sociología no es un futuro Licenciado en Marx, al contrario, puede en algún momento de su formación encontrar otros caminos y separarse del materialismo histórico sin tener conocimiento de que lo está haciendo.

Ayer me pasó que me di cuenta que hace mucho me separé del materialismo histórico y por lo visto, fue hace mucho. Entré a Marcerote a cursar mi última materia y al momento de ingresar en ella me di cuenta de algo, era una materia marxista. Pero cuando digo marxista es necesario decir que la misma tenía todo el peso del marxismo.

Todo los elementos necesarios para configurar el ambiente de discución sobre la lucha de clases se hicieron presentes.
En primer lugar, el profesor hablando del marxismo como si fuera futorología. En segundo lugar, el plantel de profesores sentados en el escritorio, cruzados de brasos y mirando fijamente al alumnados con cara de "ustedes son los hijos de la patria contratista". En articulación con los elementos anteriores, entró un alumno a clase y pidió un minuto porque había pasado algo muy malo y pedía que nos organicemos en asamblea y votemos marchar hacia algún lugar para pedir la libertad de alguien que había caído preso por luchar.

Salí del aula con la certeza que si llegaba a escuchar nuevamente “Marx dice”, como si estuviera vivo, o “Trabajo enajenado” podía llegar a tratar mal a alguien.

Ante mi desesperación entendí que hace mucho me había separado del materialismo histórico. A Marx lo abandoné en la primera tanda de obligatorias y me dediqué a otras temáticas como el género, la diversidad cultural, el peronismo, la realidad latinoamericana, entre otras… Y en ese ¡zaz! que fue volver a escuchar “La enajenación…” como si fuera un evangelio, la sensación fue como encontrarte con un antiguo ex novio del cual estuviste muy enamorada y que de golpe pensar “¿Cómo pude salir con este tipo?”… De un momento a otro me aliené…

En este pequeño espiral manifestado en esta reflexión on line puedo concluir que:
La licenciatura de sociología de la Universidad de Buenos Aires no es una Licenciatura en Marxismo.
No soy una Wipala en tanga, pero como me gustan sus colores…

10/6/11

Sal y Calidoscopios...

Sal

El sábado concurrí a uno de los recitales que más me han emocionado en los últimos tiempos. Lili Herrero.

Una manera de poner en palabras la capacidad de esta mujer sería explicando la sensación que me produjo la canción con la que abrió y cerró el show. Tu nombre y el mío.

Al principio Lili estaba un poco nerviosa - ¿Cómo no estarlo? Toda la intelectualidad y el snobismo porteño estaban ahí colmando las gradas de ese teatro- pero momentos después entró en situación y en palabras de mi acompañante “me la puso”.

Para entrar un poco en contexto. Aristimuño siempre me pareció un músico agradable. Hace cosas novedosas, experimenta con los silencios, hasta la percusionista de los azules turquesa eventualmente baila TAP en el escenario, cuestión que me remonta a mi infancia en Entre Ríos donde todo iba en un tap, tiri, tap. Aún así, me seguía pareciendo un poco “leve”, no terminaba de movilizarme.

¡Ojo! No quiero con esto descalificar a Aristimuño, de lo nuevo que viene es de mis predilectos pero no podía imaginármelo más allá de una reunión snob donde se toma vino en copas y se habla tibiamente de política.

Sin embargo, Lili me la puso al interpretar esta canción. ¿Por qué? Simple. Le dio el sabor necesario para que se vivenciara un poco más que el placer por la música. No sólo le puso sal a la canción, también le puso pimienta, la colocó en una cazuelita de barro y a temperatura exacta la poso sobre mis manos heladas diciéndome “¡Comete este guiso querida!”

Lo novedoso de Lili, sobre lo novedoso de Lisandro, fue que Lili utilizó ese canal de comunicación que es la música y le otorgó un sentido. Significó Tu nombre y el mió. Lo contextualizó dándole un sentido político (el de ella). A algo completamente “naif” lo empapó de utopía, de incitación a la movilización cotidiana. De ahora en más, cada vez que escuche esa canción, me sentiré parte de algo por más que mi razón sociologizada me advierta y me siga advirtiendo.

Lili no es un flash... Es caleidoscópica.